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viernes, 14 de noviembre de 2025

.... al Sexagesimo Octavo Mes de Cuarentena Cortesia del Coronavirus

 


꧁ 。⁠*✧ Que Pasaria si "Corona-Chan" 1 Dia Extrañamente Se Desapareciera De La Faz De Los Recuerdos, La Historia & Las Reliquias - Featuring Openart.ai, Ahrefs.com, Smodin.io & Talk.info✧⁠*⁠。꧂

.... aquí van 2 historias que complementaran un Lore ficticio mas diverso, disfrútenlos.

 

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 **Título: El Eco de un Silencio Olvidado**

En un mundo que había estado sumido en la penumbra del coronavirus durante más de dos años, la humanidad se encontró al borde del agotamiento. Las calles, una vez bulliciosas y llenas de vida, se convirtieron en ecos vacíos de recuerdos. En cada esquina, la tragedia danzaba en el aire, un recuerdo latente de lo que había sido la normalidad. Cada hogar era un santuario de miedo, cada respiración una batalla, y las risas se habían reemplazado por el murmullo de preocupaciones sanitarias. Pero un día, todo cambió.

Era un amanecer de primavera cuando, de forma inexplicable, el virus desapareció. No hubo un aviso, ni un parpadeo de la realidad: simplemente dejó de existir. Tan repentinamente como había llegado, el coronavirus se desvaneció de la faz de la Tierra y, lo que es más inquietante, se desvaneció de la memoria de las personas. Acudieron al noticiero matutino, y fue entonces cuando se dieron cuenta. Los paneles informativos exhibieron titulares sobre otros temas, como si el virus nunca hubiese sido parte de sus vidas.

Ana, una joven enfermera de una ciudad que había soportado la carga del virus en su máxima expresión, despertó esa mañana sin el peso abrumador de la pandemia en su corazón. Al principio, sintió una extraña ligereza. Había perdido a pacientes, amigos y hasta a su abuela por el virus, pero hoy no sentía esa tristeza que solía acompañarlo. Sin embargo, a medida que la gente comenzaba a salir de sus casas, Ana se dio cuenta de que algo más profundo estaba ausente: la memoria del sufrimiento colectivo.

Cuando se reunió con sus colegas en el hospital, se encontró mirando a sus compañeros, que reían y bromeaban, surgiendo como si nada hubiera sucedido. "¿Recuerdan todo lo que hemos pasado?", preguntó Ana, su voz cargada de inquietud. Sin embargo, sus amigos la miraron confundidos. "¿A qué te refieres?", replicó Miguel, uno de los doctores más experimentados del equipo. "Estamos aquí, ¿verdad? ¿Qué importa lo que haya pasado antes?".

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Ana, mientras sus amigos celebraban el retorno a la vida normal. Se sentía atrapada en una paradoja, siendo la única que aún preservaba los fragmentos de un pasado doloroso. Decidió entonces buscar respuestas, convencida de que la memoria de la humanidad no podía borrarse tan fácilmente.

Ana comenzó a investigar, indagando en archivos y periódicos de antaño. Sin embargo, cada intento se encontraba con paredes impenetrables; los archivos estaban vacíos, los registros no existían. Cualquier mención del coronavirus había sido borrada de la historia. En su búsqueda, se topó con viejos diarios de vida de pacientes de la sala COVID, escritos que aún llevaban el eco de las historias que habían vivido. Pero al abrir cada página, se encontraba con el mismo vacío: las palabras se esfumaban antes siquiera de ser leídas.

Desesperada, se adentró en la biblioteca de la ciudad, donde se guardaban los recuerdos ancestrales de la comunidad. Las viejas fotografías de las protestas por la falta de suministros, las imágenes de los hospitales colapsados, todo lo que había marcado su vida, fue una vez más un eco silenciado. Y entonces, mientras hojeaba un álbum de fotos, cayó sobre una imagen desvencijada de una tienda, contigua a un café. "La memoria es nuestro refugio", había escrito un anciano en una nota al pie. La frase resonó en su mente como un mantra.

Ana sintió que el misterio se transformaba en urgencia. Decidió agruparse con otros ciudadanos que también habían comenzado a notar la extraña amnesia que se apoderaba de sus amigos y familiares. Juntos, formaron un colectivo llamado "Los Recuerdos", un grupo enfocado en preservar las historias que el mundo parecía olvidar.

Cada semana, se reunían en el parque, compartiendo anécdotas, historias y reflexiones sobre el tiempo de la pandemia que todos, por razones inexplicables, parecían olvidar. Pero a cada encuentro, el vacío en sus corazones se llenaba un poco más. Quiso preservar el dolor, así como la alegría, sin olvidar el sacrificio de quienes habían luchado en la línea del frente.

Con el tiempo, el colectivo se dio cuenta de que su misión no solo era recordar, sino también honrar a aquellos que habían perdido sus vidas. Organizaron eventos, crearon murales conmemorativos y escribieron cartas a sus seres queridos fallecidos. Poco a poco, sus esfuerzos comenzaron a resonar en la comunidad, y las memorias olvidadas comenzaron a emerger, llenando el aire de emociones genuinas.

Un día, mientras Ana caminaba por la biblioteca de nuevo, ella y sus amigos encontraron una antigua cápsula del tiempo oculta en un rincón polvoriento. La cápsula contenía imágenes, cartas y objetos de personas que habían vivido durante la pandemia. Una vez más, las historias volvieron a tomar forma, se iluminaron los recuerdos. Las cartas que habían sido guardadas en el tiempo hablaban de dolor, de resiliencia, de amor y de esperanza.

Ana miró a su alrededor y vio el cambio que había provocado. La comunidad, ahora unida más que nunca, recordaba y honraba el pasado, reconociendo la fragilidad de la vida. La memoria, una vez silenciada, había regresado con una fuerza renovada.

Con el paso de los meses, la historia del coronavirus fue tejiendo un nuevo hilo en la vasta trama de la humanidad. Aunque el virus había desaparecido, los recuerdos se habían convertido en parte integral de su identidad. Se dieron cuenta de que el dolor y la lucha eran igualmente capaces de forjar la compasión y la unidad. En lugar de ser un cernidor que los separaba, se convirtió en un puente que los unieron.

El eco de un silencio olvidado se convirtió en melodía de sanación. La historia del coronavirus fue grabada no solo en los libros, sino en los corazones de aquellos que, a pesar de haber compartido el mismo dolor, se aferraban a la esperanza. Ana, junto a los "Recuerdos", siguió buscando formas de mantener viva la memoria de quienes habían luchado, porque entendió que el verdadero legado no se encontraba en la ausencia, sino en la conexión que crearon al recordar. Y así, en la penumbra de un pasado marcado por la adversidad, nació una nueva luz de esperanza.

 

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La historia comienza en un día soleado, donde la gente se levanta con la noticia impactante de que el coronavirus ha desaparecido de repente. Las calles se llenan de alegría y celebración, ya que la amenaza que había paralizado al mundo entero ha desaparecido misteriosamente. La gente se abraza, llora de felicidad y agradece a todos los héroes que lucharon contra la enfermedad.

A medida que pasan los días, los científicos de todo el mundo se apresuran a investigar cómo y por qué el coronavirus desapareció tan repentinamente. Se realizan pruebas exhaustivas en laboratorios de todo el mundo, pero no se encuentra ninguna explicación lógica. Los líderes mundiales se reúnen para discutir cómo seguir adelante sin la amenaza del virus, y se toman medidas para reconstruir las economías y las vidas que se vieron afectadas.

A medida que el tiempo pasa, la gente comienza a recuperar la confianza en el futuro. Las escuelas y las empresas reabren, y la vida vuelve lentamente a la normalidad. Aunque el recuerdo del coronavirus sigue siendo una parte importante de la historia, la humanidad se une para reconstruir un mundo mejor y más fuerte. La desaparición repentina del virus se convierte en un recordatorio de la resiliencia y la esperanza de la humanidad.

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.... al Septuagesimo Mes de Cuarentena Cortesia del Coronavirus

Nuevamente otro ciclo 🌞 se estrena en las coordenadas de costumbre, trayendo como unica novedad (aparte del renovamiento de ciclo lunar chi...